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  • Fabián Beltramino

Historia hecha cosas

Objetos huella, rastros que vamos dejando.

Nuestra vida cifrada en utensilios y materiales de inminente residualidad.

In-visibilizados, des-a-percibidos, ocultos en el fragor del trajín.

Hasta que el tiempo se detiene. No. Hasta que uno se detiene. No el tiempo. Y entonces aparecen, se muestran revelando una cadena de intrascendencias: la suya, la nuestra, la del fragor del trajín.


Detenidos en el detenimiento nos descubrimos fijando la mirada en puntos precisos de un mar de imprecisión.

Vamos dejando cosas por ahí. Vamos dejándonos en ellas.


1.

La mirada se hunde en esa taza en la que el líquido se salva, por un rato, de la profundidad que lo aguarda, la de esa rejilla que lo guiará hacia su desintegración; el café hace minutos celebrado, degustado, es ahora, en ese fondo, nada más que un líquido oscuro que habrá que evacuar y eliminar con fervor.



2.

La servilleta de papel ha asumido, obediente, la forma de nuestro último gesto desinteresado: el de pasarla por el borde de la boca y estrujarla, para dejarla junto a la taza y el plato. Papel que lleva, además, otros restos nuestros: migas, saliva, microgotas de té. Carga con lo que queda de esa ingesta con una solemnidad que avanza hacia su inevitable destino de descarte.



3.

La herramienta ha cumplido su función. El mismo mármol soporta ahora el peso de lo lavado y del instrumento de esa acción. Las mismas manos han llevado a cabo ambos abandonos, sin advertir en lo más mínimo las configuraciones, las disposiciones a que dieron lugar.



4.

Se trata del brillo. Y no del que adquieren el plato y el tenedor por la incidencia de la luz. Se trata del brillo del carozo de ciruela, donado por la saliva de la boca de la que acaba de salir.



5.

Herramientas de limpiar, de quitar mínimos organismos dañinos, indeseables, infectantes, molestos. Peinar y cepillar, cada noche, por afuera y por adentro de la cabeza, para que no haya nada que temer.



6.

¿Qué queda del dormir? ¿Sueño? ¿Miedo? ¿Alivio? ¿Frustración? Revoltijo que habla de otros revoltijos, más complejos, menos expuestos, cielos e infiernos a los que las mantas han dado cobijo hasta la llegada de la luz.



7.

Manos y manos por las que habrá pasado el sucio papel, ahora abandonado en el fondo de un mar imaginario en el que un cangrejo acecha. Espejismos de felicidad, la infancia y los billetes.



8.

Siempre ahí, en ese espacio que separa el afuera del adentro. No hay salida sin él. Para él no hay entrada. El personaje interno actúa como si no existiera. El del exterior lo asume como más necesario que el dinero. Pasaporte que garantiza el tránsito entre el ir y el venir, entre el ponerse en riesgo y el volver a estar a salvo.



9.

Tiradas sobre la silla, entregadas al placer del calor de la luz del sol. Sin obligación de abrigo, sin exigencia de cobertura. Liberadas, sueltas, como las partículas que bailan a su alrededor.



10.

¿Cuántos pases de mano habrán ido puliendo ese brillo? Nobleza en el material y apostura en la forma, que exige un agarrare decidido, aferrar con la mano abierta y soportar el peso con toda la fuerza que haga falta.



[Trabajo producto del Taller de Narrativa Visual de Silvana Yaques

Abril-Junio 2021


Luz disponible o natural (sin flash) ISO 800

Canon EosRebel T6

Lente Pentax-Asahi 50mm f1.7 (excepto en 1 y 6, Canon 18-55mm en 35mm a f4.5)]

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